Cnosos: mucho más que el palacio del minotauro
Si vienes a Creta, hay un lugar que difícilmente puede faltar en el viaje: Cnosos.
Aquí, hace unos 4.000 años, floreció una de las grandes civilizaciones del Mediterráneo: la civilización minoica.
Considerada la primera civilización europea, sus orígenes, existencia y desaparición nos llegan entremezclados con mitos y leyendas.
Y aunque seguramente hayas oído hablar del Minotauro y su famoso laberinto, la historia real de Cnosos es todavía más interesante.
El palacio de Cnosós es el principal de aquella época, con 17.000 m² y unas 1.500 habitaciones o espacios.
Lo que hoy vemos son los restos de un enorme complejo palacial que fue mucho más que la residencia de un rey. Era un auténtico centro político, económico y religioso, con almacenes, talleres, patios, escaleras, frescos y un complejo sistema de circulación y abastecimiento de agua.
Y sí… también están esas famosas pinturas de los delfines, los toros y los jóvenes saltando sobre ellos que se han convertido en una de las imágenes más reconocibles de Creta.
El toro, de hecho, aparece una y otra vez en el mundo minoico. De ahí nació, muchos siglos después, la leyenda griega del Minotauro, Teseo y el laberinto.
Pero hay algo que nos gusta especialmente de Cnosos: cuando recorres sus patios y pasillos, estás caminando por un lugar que ya tenía una historia de siglos cuando comenzó la época clásica griega.
Cnosos no es solamente el lugar donde vivió el Minotauro. Es uno de los grandes testimonios de una civilización que nos dejó arte, arquitectura, escritura y muchas preguntas todavía abiertas.
Pero también Cnosos, lo mismo que Troya o Micenas es el fruto de la pasión de arqueólogos del s. XIX, cuando la arqueología no existía como la ciencia que conocemos hoy en día y es muy interesante ver esos primeros pasos.
Cuando hablamos de Cnosos es imposible no hablar del arqueólogo británico que comenzó las excavaciones sistemáticas del yacimiento en 1900. Evans estaba fascinado por las historias de Minos y el Minotauro y fue él quien bautizó como «minoica» a la civilización que descubrió en Creta.
Pero Evans no se limitó a excavar. También quiso reconstruir e interpretar aquello que encontraba. Y aquí empieza la controversia. A principios del siglo XX, Evans levantó algunas estructuras, utilizó hormigón y reconstruyó paredes, columnas y estancias siguiendo sus propias interpretaciones. Los llamativos colores y algunos de los elementos que hoy asociamos inmediatamente con Cnosos son, en parte, fruto de esas intervenciones.
Una cosa es segura: sin la pasión de hombres como Evans o Schliemann, que dedicaron toda su vida y su fortuna a sus investigaciones, hoy no podríamos contemplar las maravillas que nos dejaron los pueblos de esa lejana edad de Bronce, envuelta en la bruma del tiempo.
¿Qué vemos en Cnosos?
Al recorrer el yacimiento podemos ver la estructura del gran complejo palacial, sus patios, escaleras, almacenes, zonas ceremoniales y diferentes alas del edificio. También encontramos elementos muy conocidos, como el Salón del Trono, los almacenes con sus grandes pithoi —las enormes vasijas utilizadas para almacenar productos—, el Gran Patio Central o las zonas de acceso al palacio.
También aparecen restos de pinturas murales, aunque muchas de las imágenes que vemos hoy son reconstrucciones realizadas durante las intervenciones de Arthur Evans.
Y aquí es donde resulta especialmente interesante continuar la visita en Heraclio.
Nuestra recomendación:
Para nosotras, para terminar de comprender la grandeza minoica y Cnosos, es imprescindible visitar el Museo Arqueológico de Heraclio. Es una auténtica joya que expone una extraordinaria colección de piezas procedentes de Cnosos y de otros yacimientos minoicos de Creta.